Ediciones Amargord se sube al tren dormido que atraviesa la India a través de la mirada de
José Ramón Huidobro

La India: una tierra que corta la mirada y exige luego el pago de la herida. Lamiéndome en las manos la sangre de mis ojos, me reconforto al pensar que algo he ganado después de todo: saber que el mundo, esa gran llanura de colores, irrumpe en el alma que va buscando su origen con la fijeza de una falsa llama que la entretiene y desazona. Saber que es preciso dejar de indagar- pues es recuerdo y anhelo toda búsqueda- y hallar el modo, simplemente, de invertir la mirada.

Jaisalmer, 1992
Diarios indios
Chantal Maillard

Reseña de Agustín Calvo Galán

Es difícil delimitar al poliédrico José Ramón Huidobro en una defición estándar de poeta, fotografo, viajero, etc., pues es todo eso, pero sobre todo es un amante desbordado del espectáculo humano.

En Sleeping train, de Ediciones Amargord, enfoca su esfuerzo ad-mirativo hacia la India, el país tantas veces retratado desde los ojos occidentales y que ahora Huidobro nos devuelve en forma de espejo con dos caras, por un lado el viaje fotográfico y, por otro, el poético; que no se explican mutuamente, sino que se complementan y alimentan en forma de raíles que se cruzan, conformando un libro bello, de balcones (ah! esos balcones del Raval, mi barrio, que también él retrató) abiertos, como ventanillas de un tren nocturno, de balcones a los que en cualquier momento se asomará alguien: la sonrisa de un niño, la mirada cansada y sabia de una anciana, unos novios, un niño que se lanza al océano... un país entero, tan humanamente entero como sólo la India puede ser.

Y, al fin, el espectáculo humano nos mira, desde cada una de las imágenes, desde cada uno de los poemas, para que descubramos en nuestro interior todo lo común que hay entre nosotros, pues también ellos son nosotros.

Agustín Calvo Galán
Visual Poetry

VISUAL POETRY

Fotografías de Carlos Abel Robles en Casa de la India- 30 de noviembre de 2007



El libro bajo el brazo



Los poemas



Salto al vacío



La firma



Fernando Díez escucha un poema



Poema con espectro



Panorámica de la sala



Eva Chinchilla lee



La sombra del editor



Los pies de Fernando Díez



Final proyección Sleeping train

Entrevista en El Blog de las Odiseas



Fotografo atrapado por mirada de niño en Rameswaran

José Ramón Huidobro nació en Madrid en 1966. Su currículo académico y laboral se divide en disciplinas tan diferentes entre sí como su ingreso en una Academia Militar, su matriculación en Ciencias Físicas, su licenciatura en Periodismo, su trabajo en una ONG, su vocación poética, su empleo como jefe de prensa en unos premios de música, su ejercicio como operario de pista en el aeropuerto de Barajas y su afición a la fotografía.

Tener una mente tan inquieta lo llevó a hacer un viaje en tren por la India, donde tomó todas las fotografías que pudo -se trajo unas tres mil imágenes-, y donde escribió sus impresiones en forma de versos. Poesía y fotografía se han juntado en Sleeping train, un libro donde recoge ese reportaje fotográfico y sentimental de una increíble experiencia vivida en ese enigmático país.

José Ramón Huidobro es, además, autor de otras obras como Africano (Ediciones Vitruvio)o Los amantes de Coriolis (Ediciones Amargord). En este sello editorial acaba de publicar Sleeping train.

Aprovechamos la oportunidad de charlar con él sobre este viaje a la India.

ENTREVISTA

Manel Haro: José Ramón, ¿de verdad tu vida profesional ha dado tantas vueltas: periodista en una ONG, poeta, jefe de prensa de unos premios de música, operario de pista en el aeropuerto en Barajas…?
J.R. Huidobro: Tengo una extraña relación con el mercado laboral. Me gustan los trabajos que empiezan y acaban. Eso ha provocado épocas de escasez en la cuenta corriente y aceptación de cometidos en los que mi formación o experiencia es contraproducente. Nunca he superado una entrevista personal.

Manel Haro: No podemos negar que eres una persona inquieta.
J.R. Huidobro: Más que inquieta soy alguien con tendencia a seguir adelante. No sé qué voy a hacer el próximo mes y cada vez me preocupa menos. Tampoco tengo hipotecas, coche o cargas familiares. Por ahí fallo a la sociedad del guión.

M.H.: Entremos en materia. ¿De quién fue la idea de editar un libro con tus impresiones en este viaje?
J.R.H.: Cuando viajaba pensaba en un libro pero no sabía sobre qué. Las poesías no salían. Estaba muy ocupado en avanzar. No soy un fotógrafo profesional y además no controlaba la cámara recién comprada. A la vuelta pregunté al editor gráfico del libro si veía posibilidad a las fotos que saqué. Ya había escrito el poemario. Ahí empezó la aventura.

M.H.: ¿Y a quién se le ocurrió hacer este formato de libro: un libro con dos portadas; si lo abrimos por una tenemos el poemario y si lo abrimos por la otra, tenemos las fotografías?
J.R.H.: Fue idea del editor gráfico, Jorge Moreiro. Yo aporté no incluir pies de fotos ni titular poemas o dar una descripción del contenido. Quería que el lector fuera libre de hacer con el libro lo que quisiera.

M.H.: ¿Y qué es lo que has querido mostrar con Sleeping train?
J.R.H.: El libro tiene dos viajes. Uno literario y otro fotográfico. Le pedí a Jorge Moreiro que relatara un viaje sin interferencias con lo que había escrito. Después el diseñador del libro, Álvaro Cal, interpretó los poemas con su maquetación sin que yo le diera una pauta. Traté de ver cuál era la lectura de mi viaje por su parte. Con los lectores me sucede lo mismo. Me importa el viaje de los demás. De esa manera comprendo algo.

M.H.: En Sleeping train aúnas poesía y fotografía. ¿Qué dirías si te menciono ese refrán “vale más una imagen que mil palabras”?
J.R.H.: Las palabras son un punto de mira en un detalle invisible de la imagen. La imagen es la garantía del recuerdo que se difuminará en un silencio.

M.H.: Buena reflexión. Una de las frases que más suenan con respecto a un fotógrafo es que éste ve lo que los demás no son capaces de ver. ¿Estás de acuerdo?
J.R.H.: Un fotógrafo tiene una herramienta certera. Sin embargo creo que las mejores fotografías son las que nunca se han hecho, las que se quedan en la impronta del futuro. Todo el mundo ve su mundo diferenciado. Sólo que no siempre pueden trascender.

M.H.: ¿Tuviste dificultades en tomar fotografías o la gente mostraba reticencias a ser retratados?
J.R.H.: Ninguna. Tal vez porque confiaban en mí o porque les encanta ser retratados. Había casos de paciencia infinita en los modelos cuando la cámara fallaba y no pestañeaban hasta que hacía clic.

M.H.: ¿Para hacer una foto, hay que pedir permiso antes o eso rompe la naturalidad de la fotografía?
J.R.H.: Hay que probar la invisibilidad y salir de puntillas de la escena.

M.H.: ¿Cuál es la foto más arriesgada que has hecho?
J.R.H.: En la India es muy arriesgado hacer fotos en crematorios. Puedes meterte en un buen lío porque te chantajean y llegan a ser violentos. Fotografiar sube la adrenalina cuando te dejan mirar donde nunca pensabas que lo harías.

M.H.: De todo lo que has visto en la India, ¿qué es lo que más te llamó la atención?
J.R.H.: En la India los estímulos te ametrallan en cualquier lugar. Me llamó la atención la inmovilidad de los pasajeros del tren en trayectos eternos. Al final aprendes su secreto.

M.H.: He podido comprobar que tanto en los versos como en las fotografías abundan las sonrisas y la alegría. Parece que no hay demasiado lugar para la tristeza.
J.R.H.: En el Primer Mundo asociamos la alegría con el estatus económico. Siempre escucho que los niños estarían mejor con nosotros que en su lugar de origen por las oportunidades que llegarán a tener. No estoy de acuerdo. En la India, como en África, por ejemplo, tienen las miradas limpias y gastan grandes sonrisas. Aquí se va al psicólogo por el mínimo problema.

M.H.: En las fotografías vemos que todos los ciudadanos indios son personas agradables, que se muestran abiertas al turista de occidente. ¿Es algo general o es lo que tú, como fotógrafo, has querido captar?
J.R.H.: En lo que a mí respecta puedo decir que la amabilidad y simpatía era una constante. También descubrí que el indio es un viajero nato. La religión les hace peregrinar y por ello son conocedores de su país. Es el país perfecto para sumergirte. Nunca estás solo. Ni aunque lo pretendas.

M.H.: ¿Y qué sensación te ha dejado la India una vez has salido de este país?
J.R.H.: Me da la sensación que nunca regresé.

M.H.: ¿Hay muchos soñadores en la India?
J.R.H.: Los hay que se dejan llevar desde que pisan el aeropuerto por el misticismo y la magia de ese país. En mi caso sólo fui consciente al regreso. Los occidentales tienen un paraíso en la India.Es fácil dejarse llevar.

M.H.: Eres una persona a la que no le gusta estar cargado de responsabilidades y que ama la libertad, antes lo hemos visto. Sleeping train plasma perfectamente esas ansias de libertad: recorrer un país con la cámara y un cuaderno para tomar notas, sin más preocupaciones que integrarte en el país.
J.R.H.: Ojalá pudiera caminar con una cámara en todo momento. No precisaría nada más. La única responsabilidad es la de vivir la vida deseada. El olvido de ese objetivo es mi irresponsabilidad.

M.H.: ¿Estás de acuerdo conmigo en que ambos géneros creativos no están tan separados?
J.R.H.: Es un error dividir el arte por géneros. Todo sirve, incluso el silencio o los ojos cerrados.

M.H.: Viajar por la India en tren. ¿Es mejor dejar la primera clase y mezclarse con la auténtica esencia de los ciudadanos indios?
J.R.H.: En el tren indio se viaja tumbado. Apenas se ve el paisaje. Es mejor tener una buena entrada para ver la vida en un vagón.

Con estas impresiones nos quedamos…

Manel Haro
El blog de las Odiseas






José Ramón Huidobro
Amargord Ed.


De vez en cuando aparece un libro que nos reconcilia con la idea de la poesía no entendida exclusivamente como construcción verbal, sino como mirada y visión preñada de perplejidad. Este es el caso del último libro del poeta José Ramón Huidobro, Sleeping train.

Compuesto por dos zonas yuxtapuestas que se entrelazan sutilmente en la mente del lector-espectador, este heterodoxo libro es un acercamiento a la India por medio de la imagen y la palabra (la mirada y la visión) de una realidad tan compleja como fascinante. Decía Kipling que el mundo cabe en la India, pero lo que también es cierto es que, como en la fábula bíblica del ojo de la aguja, no todos pueden entrar fácilmente en el paraíso de su inmensa capacidad de seducción, de sus muchedumbres de dioses, sus cultos y las milenarias costumbres que se debaten a los ojos del occidental entre la pura magia y el folclore sofocado por las toneladas de pobreza. Pero (y este libro es buena muestra de ello) a la India no hay que mirarla con ojos de registrador de la propiedad sino con ojos de niño o, como es el caso, de poeta.

El nombre del libro hace referencia a un viaje que el autor realizó por el país a bordo de un tren en la llamada Sleeper Class. Apenas sin ventanas, durmiendo entre las gentes que iban y venían, el poeta aprovechaba las ocasionales paradas para “poegrafiar” (si se me permite este neologismo mezcla de poetizar más fotografiar) los acontecimientos que saltaban a sus ojos, algunos de ellos, ya plasmados en las fotos, similares a pequeñas epifanías. Al parecer fue más tarde (según cuenta Huidobro), en la retorta del regreso al hogar, cuando se iban a destilar unos poemas que son falsamente descriptivos, porque aunque aparentemente mantienen la vocación fotográfica del libro al describir instantes, a veces con cierto exceso de detalles, una lectura más cuidadosa nos muestra que en realidad lo que se pretende es condensar, resumir, intentar que una sola palabra baste para sanar a cada imagen. “Hedor / huelo a piel / fuera de lugar.” El poeta se encuentra (no siempre gozosamente) atrapado entre dos mundos, entre dos miradas, a veces incluso desde un punto de vista dolorosamente ético “Qué fuerza de voluntad / la de un hombre que niega limosna / a un chico / sin brazos.” y en ocasiones es el vaivén sonoro, el traqueteo en el tren de las lenguas incomprensibles, el que inspira el verso: “Saris / salitre / silban / senos / olas / rotas / seda / desgarrada / espuma / sed.”

Sleeping train es un libro de una frescura poco convencional y acreedor de una tan desacostumbrada como suculenta virtud: se puede abrir el melón de sus agudas evocaciones indistintamente, desde la palabra o desde la imagen, acaso como si se insinuara que aunque las ventanas de la imaginación son innumerables, todas van a dar a un mismo maravilloso lugar.



© Miguel Ángel Gara
Pata de Gallo- Literaturas.com
Diciembre 2007









El Día de Valladolid


Miradas reflexivas hacia la inmensidad india

El poeta y fotógrafo madrileño José Ramón Huidobro exhibe hasta el 28 de diciembre

MARIAN HIDALGO

Sentimientos, contradicciones, paisajes, edificios, instantes poéticos, rostros humanos, tradiciones... Son algunos de los instantes que captó el objetivo del fotógrafo y poeta madrileño José Ramón Huidobro durante el viaje que realizó a la India en 2005 y que refleja en la exposición Sleeping train, que permanecerá abierta al público hasta el próximo 28 de diciembre en la Casa de la India de Valladolid bajo el lema Raíles cruzados de poesía y fotografía.

La muestra está formada por una treintena de imágenes pertenecientes al libro recientemente publicado por Ediciones Amargord en el que se recoge, además, un poemario del mismo autor. Un recorrido en tren por lugares como Mumbai, Goa, Karnataka, Delhi, Uttar Pradesh, Orissa y Tamil Nadu da lugar a «diferentes visiones», señala el autor, destacando que es cierto que «La India cambia la forma de ver el mundo», pues existe «un antes y un después» desde su estancia por el país hindú durante dos meses.

El Norte de Castilla


Huidobro expondrá en la Casa de la India de Valladolid su libro de fotos "Sleeping train"


Fotografías esculpidas en verso y haikús cristalizados en retratos del alma de las gentes y paisajes hindúes es el resultado del libro titulado "Sleeping train", un poema visual que el reportero gráfico José Ramón Huidobro expondrá entre el 3 y 28 de diciembre en la Casa de la India de Valladolid.

Son noventa y dos fotos seleccionadas de entre las más de 3.000 que Huidobro captó a lo largo de un viaje realizado por la India en 2005 al paso lento de un vagón de segunda, donde recorrió miles de kilómetros por Mumbai, Goa, Karnataka, Delhi, Uttar Pradesh, Orissa y Tamil Nadu, han informado hoy fuentes de la organización.
El lema de la muestra, "Raíles cruzados de poesía y fotografía", hace referencia al carácter indisoluble entre verso e imagen que podrán apreciar los visitantes cuando contemplen una serie gráfica cuyos textos brotan del diario de viaje realizado por el reportero, y que se colocarán al final del recorrido para no empañar la fuerza de las imágenes.

"Sleeping train", editado por Amargord, es la tercera obra publicada por José Ramón Huidobro después de "Los amantes de Coriolis" (Amargord, 2004) y de "Africano" (Vitruvio, 2002).

Europa Press



La Casa de la India de Valladolid exhibe 32 fotos del poeta Huidobro sobre un recorrido en tren por el país


La Casa de la India de Valladolid exhibe la muestra 'Sleeping Train', que muestra 32 fotografías pertenecientes al libro-poemario del mismo título creado por José Ramón Huidobro recientemente publicado y que realiza un recorrido en tren por lugares como Mumbai, Goa, Karnataka, Delhi, Uttar Pradesh, Orissa y Tamil Nadu.

Según informaron a Europa Press fuentes del centro cultural, las fotografías que se podrán ver desde hoy están 'esculpidas en verso y haikús cristalizados en retratos del alma de las gentes y paisajes hindúes' y distribuidas en dos espacios: en el primer piso se puede contemplar la mirada 'en gran formato' mientras que en la buhardilla se muestra una exposición 'más íntima' en la que 'se pueden tocar los versos que salen de los sobres con destinatario desconocido'.

Este trabajo surgió de una aproximación del autor a la India en el año 2005. 'En apenas dos meses de viaje en solitario descubrió un país inmenso, inabarcable por su mirada. Se llevó consigo una cámara de fotos que se convirtió en su inseparable compañera y que asimilaba lo que su ojo era incapaz', resaltaron las mismas fuentes antes de calificar de 'intensa' la relación mantenida, que se plasmó en un retrato 'de la India más común, de aquella que cualquier extranjero puede asimilar pero nunca comprender'.

El lema de la muestra, 'Raíles cruzados de poesía y fotografía', hace referencia al carácter 'indisoluble' entre verso e imagen que podrán apreciar los visitantes al contemplar 'una serie gráfica cuyos textos brotan del diario de viaje realizado por el reportero y que se colocarán al final del recorrido para no empañar la fuerza de las imágenes'.

José Ramón Huidobro nació en Madrid en 1966 y tras publicar 'Africano' se interesaron por su obra 'El Hombre Ausente', aunque el libro permanece aún inédito. Participó en la antología 'Palabras para la Paz' de Ediciones Amargord, editorial en la que vio la luz 'Los Amantes de Coriolis' y 'Sleeping Train'.

Presentación en la Casa de la India de Valladolid



Fernando Díez interpretando el sitar



Eva Chinchilla recita el silencio



El cuadro flamenco que nunca cantará: Díez, Rodríguez, de la Quintana y Huidobro

PRESENTACIÓN DE SLEEPING TRAIN EN CASA DE LA INDIA


Se presentó Sleeping train en la Casa de la India de Valladolid. Allí me pasé dos días para colgar las fotos de la exposición y preparar el evento en un escenario soñado. Mi equipo de producción fue de urgencia: un primo y una prima que me salvaron de haberme perdido todos los capítulos de Bricomanía. A Luis y Miriam les cuelgo la laureada de San Pepe Viyuela, en su primera edición. Aprendí los secretos de las letras de vinilo que se despegan con calor. El panel de la exposición de Alain Daniélou permanece en el poso de mi memoria venidera. También la mirada de Shamina, secretaria de la Casa de la India, la ironía más desgarradora cuando tiembla el pulso: el del pincel del pintor improvisado que pesaba como un yunque. Pero al final las cosas están en su sitio y surgen milagros de última hora como Raúl, nombre del que hizo que en la sala hubiera poemas con los que ya no contaba.

Así la sala se fue llenando de familiares y algunos habituales de la Casa. La presentación tuvo un guión: pase del vídeo editado por Óscar Cerdán, palabras de Guillermo Rodríguez, anfitrión de la Casa, José María de la Quintana, editor, Fernando Díez, asceta, y yo mismo. De ahí se pasó a un poema visual, la lectura de Eva Chinchilla y el sitar de Díez. Un contenido variado para la puesta de largo de Sleeping train.

Guillermo Rodríguez fue un firme defensor del proyecto. Fue él quien más insistió en el libro ya que el espíritu de Umbral se esfumó en su tierra y el autor se olvidó de hablar de su libro. José María de la Quintana repitió discurso respecto a Madrid, pero eso es natural, hasta Bruce repite repertorio coma a coma. Díez alabó la fotografía del libro, sin ego como la música, y yo me centré en la experiencia del viaje que ya iba tocando a su fin.

Eva hizo una lectura sosegada, con respiraciones de torera quieta. El juego de miradas con el sitarista cuando éste subió al escenario y se gustó sentándose frente al instrumento fue de maestros de ajedrez. Hubo algún destello de conexión entre la poesía y las cuerdas pero sólo fue un sueño pues la poeta salió de puntillas en silencio y la voz de Díez sustituyó a la melodía: tres ragas en el auditorio para un músico que se reencontraba con el público después de un año.

Y después las firmas, el paseo por la expo y el final de un mes dedicado en cuerpo y alma a un libro que ya ha entrado en algunas de vuestras estanterías. En unos días el aeropuerto me espera y miraré a los aviones despegar.


Fotografías de Claudio Dittamo

30 NOVIEMBRE: CASA DE LA INDIA EN VALLADOLID


EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA Y PRESENTACIÓN DEL LIBRO SLEEPING TRAIN DE JOSÉ RAMÓN HUIDOBRO EN LA CASA DE LA INDIA DE VALLADOLID

Los raíles cruzados de poesía y fotografía del Sleeping train confluyen en la Casa de la India el próximo 30 de noviembre. Ese día se inaugurará la exposición fotográfica y se presentará el libro de José Ramón Huidobro. El sitar de Fernando Díez y las voces de las poetas Eva Chinchilla y Esther Muntañola abrigarán a las páginas impresas que comienzan a viajar.


Un viajero, Fernando Díez, que llegó a la India en los años setenta para quedarse y otro, José Ramón Huidobro, que lo hizo en el nuevo milenio se darán cita en Casa de la India de Valladolid. El motivo es la presentación del libro del segundo: Sleeping train y la inauguración de la muestra fotográfica con parte del material editado en Ediciones Amargord.

La mirada profunda de quien lo ha visto todo y la aún desconcertada del que apenas pasó de puntillas y no entendió nada confluyen en un cruce de vías. Allí esperan Eva Chinchilla y Esther Muntañola, poetas que prestan su voz a Huidobro para recitar la esencia de su viaje por la India. Tal vez con eco de sitar.

Desde el 3 al 28 de diciembre

La Casa de la India ofrece una muestra de esta particular visión desde el día 3 al 28 de diciembre. Un recorrido en tren por lugares como Mumbai, Goa, Karnataka, Delhi, Uttar Pradesh, Orissa y Tamil Nadu.

El viaje iniciático se vuelve mundano y retrata los malos olores de las alcantarillas sociales, los aromas de las novias y de las especias, los colores de las lentejuelas, la línea del horizonte invadida de pájaros o de locos, en fin, todo lo que se le ponga por delante. Como si en cada fotografía tuviese que contar todo. Afirma Moreiro, editor gráfico del libro.

Ésta es la primera incursión en la fotografía profesional de Huidobro que cuenta, además de Sleeping train, con dos poemarios publicados: Africano (Ediciones Vitruvio, 2002) y Los amantes de Coriolis (Ediciones Amargord, 2005).

Todo poeta es un viajero y en esta ocasión un viaje es en sí un poema imposible de abarcar.


Intervienen:

Guillermo Rodríguez Martín- Director Gerente Casa de la India
José María de la Quintana- Editor Ediciones Amargord
Fernando Díez- Orientalista y maestro de sitar
Eva Chinchilla- Poeta
Esther Muntañola- Poeta
José Ramón Huidobro- Autor y fotógrafo de Sleeping train

Exposición fotográfica Sleeping train en la Casa de la India de Valladolid




“Atacado por alguna patología poética, Huidobro se levanta cada mañana hambriento de imágenes y las toma, las caza, las recolecta, a veces las roba, incluso las mendiga, según su estado de ánimo. Hasta que descubre que se relaciona con la gente a través de la fotografía. Se cuela en las bodas, se inmiscuye en conversaciones, se asoma a los compartimentos de las familias, pero, sobre todo, mira donde no hay que mirar. Siempre con su cámara.” (Jorge Moreiro- Editor Gráfico de Sleeping train)

José Ramón Huidobro se aproximó a la India en el año 2005. Apenas dos meses de viaje en solitario en el que descubrió un país inmenso inabarcable por su mirada. Se llevó consigo una cámara de fotos que se convirtió en su inseparable compañera que asimilaba lo que su ojo era incapaz. Fue una relación intensa que dio lugar a un retrato de la India más común, de aquella que cualquier extranjero puede asimilar pero nunca comprender.

La Casa de la India ofrece una muestra de esta particular visión desde el día 3 al 28 de diciembre. Una veintena de fotos pertenecientes al libro recientemente publicado por Ediciones Amargord en el que se recoge, además, un poemario del mismo autor. Un recorrido en tren por lugares como Mumbai, Goa, Karnataka, Delhi, Uttar Pradesh, Orissa y Tamil Nadu.

El viaje iniciático se vuelve mundano y retrata los malos olores de las alcantarillas sociales, los aromas de las novias y de las especias, los colores de las lentejuelas, la línea del horizonte invadida de pájaros o de locos, en fin, todo lo que se le ponga por delante. Como si en cada fotografía tuviese que contar todo. Afirma Jorge Moreiro, editor gráfico del libro.

Ésta es la primera incursión en la fotografía profesional de Huidobro que cuenta, además de Sleeping train, con dos libros publicados: Africano (Ediciones Vitruvio, 2002) y Los amantes de Coriolis (Eddiciones Amargord, 2005). Todo poeta es un viajero y en esta ocasión un viaje es en sí un poema imposible de abarcar.


SLEEPING TRAIN
FOTOGRAFÍAS DE
JOSÉ RAMÓN HUIDOBRO


Inauguración de la exposición de fotografías
y presentación del libro de poesía y fotografía:
30 de noviembre 2007, a las 19:30 h.

Visitas del 3 al 28 de diciembre de 2007


CASA DE LA INDIA
Puente Colgante 11-13
47007 Valladolid
T +34 983 228 711
F +34 983 226 542
www.casadelaindia.org
info@casadelaindia.org

Horarios de visita:
de lunes a viernes,
excepto festivos
de 12:00 h a 14:00 h
y de 18:30 h a 21:00 h
Entrada libre

15 de noviembre: Librería La Central del MNCARS




La presentación de Sleeping train convocó alrededor de 100 personas que se distribuyeron por el espacio libre que dejaban los estantes de la segunda planta de la librería La Central del Reína Sofía de Madrid.

La Embajadora de la India, Excma. Sra. Sujata Mehta, fue la invitada especial en un acto que supuso una de sus primeras apariciones en la vida cultural de España. Destacó la visión del fotógrafo que captó la realidad cotidiana de un país tal como lo vería cualquier viajero que se alejara de los circuitos turísticos. En la mesa estuvo acompañada por el Primer Secretario de la Delegación, el señor Abdul Majad Padar, responsable del ofrecimiento institucional indio a la puesta de largo de la obra.

José María de la Quintana, editor de Ediciones Amargord, recordó el grito de "¿Por qué a mí?" lanzado el día en el que este autor le dijo “Quiero publicar Sleeping train”. Destacó que son estos proyectos los que le hacen ponerse en marcha en el laberinto editorial.

Pablo Rodríguez, camarógrafo independiente, señaló que el mérito de la fotografía es la de estar en el momento justo donde había que mirar. Con él coincidí en el lugar de los hechos y él me dictó uno de los poemas más degarradores que jamás haya escrito.

Esther Muntañola y Eva Chinchilla prestaron su voz e inteligencia al recital, en una atmósfera que aún trato de asimilar. Muntañola respiraba para pedir ojos cerrados al estímulo de las imágenes. Me descubrió en versos como Lavo la ropa en el río o El golpe de calor. Chinchilla destacó los poemas del Yo en el libro que desnudan al poeta y la visión de mi mirada en el espejo retrovisor. Ambas cerraron a dos voces el segundo poema del Sleeping train, reinventado en su propia versión.

Después llegaron las firmas y la celebración.

Uno de los mejores días de mi vida. El camino de la poesía tomando bifurcaciones a la felicidad.

Gracias a todos los que participasteis. A muchos ni os pude saludar.


Foto 1: La Embajadora de la India, Sujata Mehta, Primer Secretario: A. Majid Padar, José María de la Quintana y el autor.

Foto 2: Detalle público en La Central

Foto 3: Esther Muntañola lee Sleeping train

Fotos de Jorge Moreiro

Billete de ida y vuelta

Viajar sigue siendo una utopía. Todos mis intentos por escapar han sido en falso pues siempre he regresado a mi no lugar del que reniego cada poco tiempo. Mis raíces son grilletes que no soy capaz de romper.

La India tiene una fama destructora. Las personas que van allí no regresan igual- me advirtieron- y yo me puse mi traje de buzo y me sumergí, como siempre, sin saber nada de lo que iba a encontrarme. Es el único privilegio que me puedo permitir cuando pongo kilómetros por medio. Avanzar sin saber por qué. El dinero en la cartera es una brújula desorientada que impulsa a la perdición. Así que tomé trenes hacia el sur y luego al norte y luego hacia el Golfo de Bengala y sin detenerme hasta el Cabo Cormorín, desde el que se divisaba el Índico puntual. Y luego bordeé por el Mar Arábico y llegué al fin del trayecto circular en Mumbai. ¡Malditos billetes de ida y vuelta que me devuelven a la cárcel de donde quise escapar!

La India me atravesó sutilmente. Allí no lo había descubierto porque no entendí nada y apenas me comuniqué con el inglés de supervivencia. A la vuelta, alguien me dijo que era naranja y cerré la puerta de mi casa dos semanas porque me daba miedo el cemento y los trajes grisáceos de los oficinistas de Tecnocasa. Releí el diario de ruta y asumí las fotos poco a poco: excusas y excusas para no regresar. Los poemas brotaron en el papel sin pensarlo. Vestía ropas que desteñían. Durante un tiempo cerraba los ojos y contemplaba pasos a niveles cerrados. Caminé mucho al estar desubicado. Tenía mi cámara en la mano, pues aún no había conseguido equilibrar mi cuerpo sin el contrapeso de la visión parapetada. Hasta que me vestí con el fondo de armario y descubrí a un desconocido en el cristal.

Inventé otro viaje. El de hacer un libro sin saber que era más utópico que no hacerse estatua de sal. Fueron dos años. Elegí el camino de la bifurcación. Sé mirar y puedo escribir. Para lo demás soy un incapaz. Recurrí a Jorge Moreiro, el fotógrafo profesional. Le pregunté si era posible aprovechar el material de dos meses sin dejar de disparar. Me dijo que sí y le creí. Fue su perdición. Le perseguí hasta agotarlo. Y se embarcó por mí. Se acercó a las pupilas que me observaron y enderezó horizontes para compensar mi mirada oblicua defectuosa. Me habló de la luz que no fui capaz de envasar. Y así fue naciendo Sleeping train. Con el estribillo del ferrocarril colándose por mercados, ríos y arrugas bellas que hacían desear la vejez. Dos viajes, uno literario y otro de obturador, que desembocaban en vida corriente, que es la única que puedo contar.

José María de la Quintana, el editor de Amargord, me dijo que las fotos miraban de frente. Apenas vio tres o cuatro y decidió publicar. Me puso en manos de Álvaro Cal Di Segni, quien descubrió que los poemas tenían tendencias naturales a instalarse por las diversas coordenadas de la página. Eso me gustó. Sleeping train estaba en marcha pero como los expresos indios parecía que nunca llegaba a su destino hasta que un día que ya no pensaba en él nació silenciosamente.

El viaje se hizo tacto. El papel tenía olor. Las fotos, tantas veces vistas, no se parecían a las que recordaba. Los versos me resultaban ajenos. Lo hojeé varias veces y ya no lo volví a abrir. Ya no es mío. Estoy liberado. Ustedes se ponen en marcha. Es su tren y yo invoco a la amnesia para perderme en la invisibilidad.


José Ramón Huidobro
Madrid, 11 de noviembre de 2007

Sleeping train - El vídeo

Editado por Óscar Cerdán

Música: Bada Natkhat Hai
Creada por Hemant Mattani.
Arreglos: Ashit Desai

Presentación de Sleeping train en La Central del Reina Sofía




Ediciones Amargord presenta Sleeping train de José Ramón Huidobro

La embajadora de la India en España, Sujata Mehta, participará en el acto de presentación de Sleeping train. La lectura de poemas estará a cargo de Esther Muntañola y Eva Chinchilla


Lugar: La Central del MNCARS
Dirección: Ronda de Atocha, 2 (ampliación de Nouvel)
Fecha: 15 de noviembre de 2007
Hora: 19: 30 h.

Asisten:

José Ramón Huidobro- Autor
Sujata Mehta- Embajadora de la India en España
José María de la Quintana- Editor Ediciones Amargord
Jorge Moreiro- Editor Gráfico Sleeping train
Esther Muntañola- Poeta
Eva Chinchilla- Poeta
Pablo Rodríguez- Camarógrafo

Sleeping train: viaje circular por los raíles de la India



Atacado por alguna patología poética Huidobro se levanta hambriento de imágenes. Las toma, caza, recolecta, a veces roba, incluso las mendiga, según su estado de ánimo. Hasta que descubre que se relaciona con la gente a través de la fotografía. Se cuela en las bodas, se inmiscuye en conversaciones, se asoma a los compartimentos de las familias, pero, sobre todo, mira donde no hay que mirar. Siempre con su cámara.

José Ramón Huidobro (Madrid, 1966) acaba de plasmar en Sleeping train, un libro doble de fotografía y poesía, el poso de un viaje en solitario por la India transcurrido en el año 2005. Es su segunda experiencia con Ediciones Amargord con quien publicó el poemario Los amantes de Coriolis. En esta ocasión la faceta poética se ve enriquecida con la mirada para conformar un poema visual que se descifra a través de los sentidos de la lectura.

En el anverso emerge un recorrido fotográfico de noventa y dos instantáneas en color bajo la supervisión y edición gráfica de Jorge Moreiro, quien se hizo cargo de las 3000 fotografías que Huidobro trajo en el equipaje. De él es el prólogo titulado “El fotógrafo compulsivo” en la que afirma que el poeta retrata como si en cada fotografía tuviese que contarlo todo. El viajero va descubriéndose a sí mismo hasta que nos encuentra a todos.

Después de miles de kilómetros a la velocidad de un vagón de segunda, el sueño se va haciendo tren y éste se convierte en agua, mercado o fachada. Las personas observan de frente y guardan silencio. Los pies de foto se ubican al final de la serie para no distraer la película de un viaje que transcurrió por Mumbai, Goa, Karnataka, Delhi, Uttar Pradesh, Orissa y Tamil Nadu.

Para José Ramón Huidobro Sleeping train es una mirada que se pierde paralela a las vías de un tren que atraviesa la India “Mi cámara tiene el poder de recordar. Yo pongo la pupila, pero es ella quien asimila, digiere y me devuelve una imagen mejorada”


Poemas asimétricos y visuales


La poesía de Sleeping train brota al regreso de la India. “Despierto/en el mundo del cemento/Ayer el pájaro/me atrapó con sus garras/ y me destripó”. El jet-lag le hace desenfocar las pupilas, levitar y volver a viajar. Así surge el flash back poético a través de su diario de viaje. Algunos versos ya estaban escritos en él y los otros fluyeron naturalmente en muy corto espacio de tiempo.

El tren es el protagonista de la lucha interna y las excusas del que no pertenece a un lugar. Se presiente la llegada del turista que agarra un taxi en Mumbai para desaparecer del mundo y sentir la plena libertad de avanzar sin destino fijo como un aprendiz de viajero. Las horas ralentizadas de ferrocarril pueden sintetizarse en apenas tres versos: La mujer india/presa del horizonte/ acaricia el sol. El bisturí hace que cada palabra sea certera pues Huidobro no entiende lo que pasa por sus ojos y no pretende resolver esa carencia. Esa es su forma de escribir o viajar.

La colección de poemas está diseñada sin títulos ni índice. Sigue la secuencia de las escalas y en el papel se distribuye asimétrica y perfectamente visual. Es el diario íntimo de un fotógrafo que cierra el diafragma y desvela monólogos interiores de viajero sin don de lenguas.

Sleeping train es la tercera obra publicada de José Ramón Huidobro tras Africano (Ediciones Vitruvio, 2002) y Los amantes de Coriolis (Ediciones Amargord, 2004).

El fotógrafo compulsivo




Las tres mil fotografías con las que Ramón Huidobro volvió de su viaje a la India podrían haber sido tres mil haikus: los haikus del Tren. En este tren, Ramón realizó un viaje iniciático y volvió con este hatillo de fotos en los que cada persona es una estación; cada vagón, una vía; cada camino, una parada y cada parada es una fotografía.

Y vuelta a empezar: cada persona es una fotografía y cada gesto suyo, una mirada.

Atacado por alguna patología poética, cada mañana se levanta hambriento de imágenes y las toma, las caza, las recolecta, a veces las roba, incluso las mendiga, según su estado de ánimo. Hasta que descubre que se relaciona con la gente a través de la fotografía. Y como en su vida cotidiana en Madrid, realiza transgresiones. Transgresiones cotidianas, domésticas. Se cuela en las bodas, se inmiscuye en conversaciones, se asoma a los compartimentos de las familias, pero, sobre todo, mira donde no hay que mirar. Siempre con su cámara.

El viaje iniciático se vuelve mundano y retrata los malos olores de las alcantarillas sociales, los aromas de las novias y de las especias, los colores de las lentejuelas, la línea del horizonte invadida de pájaros o de locos, en fin, todo lo que se le ponga por delante. Como si en cada fotografía tuviese que contar todo.

El viaje empieza a destilar experiencia y el tren se fluye como un río lleno de cadáveres muy vivos. Las vías del tren se parecen a las calles, los vagones a las casas, sus habitantes son los mismos, los moradores son viajeros. Todo es lo mismo y todo cambia.

En este tren, en este viaje gráfico, se encuentra el discurso universal del agua, con sus protocolos y bautizos; el del comercio, y sus relaciones sociales y los mercados, donde van a mercar todos: abuelas, nietos, gatos y travestidos; está el discurso del viaje, del cambio, del tren, ese tren que tanto se parece a una casa.

En este viaje, una peluquería se convierte en un templo, un templo en un establo y el establo en una playa.
El viajero va descubriéndose a sí mismo hasta que nos encuentra a todos en la cara de una vieja. O de una niña. Elijan.


Jorge Moreiro
Editor gráfico Sleeping train




Puente de Adam frente a Sri Lanka, Rameswaram, Tamil Nadu

Una moto con una familia entera
Pongamos cinco miembros
La mujer sentada de perfil

Un camión repleto de fardos
Los miembros de la cuadrilla
El chófer sonriendo a la ciudad

Una chica con sari en bicicleta
Pashmina al viento
Cadena oxidada y cestillo para pasear

Un autorickshaw con cristales ahumados
0cho ojos asomados entre la mercancía
encajados a la perfección

Una vaca sagrada rumiando tranquilidad
En el cruce donde un guardia y un semáforo
hacen coreografía de ballet

Un autocar desamortiguado
Uniforme caqui del estado
picando boletos obsoletos

Sinfonía de bocinas de latón
y un peatón al que se le cae un libro
Se lanza al vacío lo recupera besa y ofrece al cielo

Es lo que había entre estas dos aceras
Shiva hizo otra pantalla de tetris
Y el juego volvió a empezar





La espera del expreso nocturno, Chhtrapati Shijavi Terminus, Mumbai

Una polilla
se cree mariposa
en el techo de la estación
camuflada
en la luz de espera
del tren oscuridad
Sobrevuela
durmientes
comensales
sacos
fardos
bidones
valijas encadenadas
Extiende sus alas transparentes
Se posa en los pies sucios
de un niño
que sueña
colores
que nunca vio
Le despierta
con una estela de aire
Descubre sus escamas de cristal
Baila la danza de los siete velos
y cae desplomada
aplastada por el manotazo
de un hombre adulto
sin razón



Después de la purificación, Varanasi, Uttar Paresh

Hombres despojados del cielo
acumulados en la cuneta
sienten la caricia de las ruedas
cuando chirrían
Las bocinas acallan
el lamento de la ciudad
Los fantasmas pedalean
detienen a los niños
que gotean
en las aceras
Los vagones reptan
por raíles infinitos
La locomotora
hincha el pecho
les despierta
de otra noche sucia
buscan un charco
para nadar
Náufragos
con brillo en los ojos
Ganan un día más





Hombre pájaro de la Puerta de la India, Mumbai

Dieciocho eslabones
se arrastran por las vías
sigilosamente
El sleeping train
resopla con cuidado
arrulla a los sonámbulos
estiran los brazos
sincronizan los pasos
Desde el andén parecen reos
condenados al viaje mortal



Final del trayecto, Chhtrapati Shijavi Terminus, Mumbai

SLEEPING TRAIN: RAÍLES CRUZADOS DE POESÍA Y FOTOGRAFÍA


Sleeping train es un mirada que se pierde paralela a las vías de un tren que atraviesa la India. Un viajero mudo opta por parapetarse tras el escudo de una cámara para ser invisible. Un papel se mancha de preguntas que no requieren respuesta. Se acumulan en topes de contención en trayecto de regreso. Dos libros, uno de fotografía y un poemario, que son el mismo porque los sentidos no se excluyen entre sí.

José Ramón Huidobro (Madrid, 1966) acaba de plasmar en Sleeping train, un libro doble de fotografía y poesía, el poso de un viaje en solitario por la India transcurrido en el año 2005. Es su segunda experiencia con Ediciones Amargord con quien publicó el poemario Los amantes de Coriolis. En esta ocasión la faceta poética se ve enriquecida con la mirada para conformar un poema visual que se descifra a través de los sentidos de la lectura.

Por un lado emerge un recorrido fotográfico de noventa y dos instantáneas en color bajo la supervisión y edición gráfica de Jorge Moreiro, quien se hizo cargo de las 3000 fotografías que Huidobro trajo en el equipaje. De él es el prólogo en él dice sobre el autor: “Atacado por alguna patología poética, cada mañana se levanta hambriento de imágenes y las toma, las caza, las recolecta, a veces las roba, incluso las mendiga, según su estado de ánimo. Hasta que descubre que se relaciona con la gente a través de la fotografía”.

Después de miles de kilómetros a la velocidad de un vagón de segunda, el sueño se va haciendo tren y éste se convierte en agua, mercado o fachada. Las personas observan de frente y guardan silencio. Los pies de foto se ubican al final de la serie para no distraer la película de un viaje que transcurrió por Mumbai, Goa, Karnataka, Delhi, Uttar Pradesh, Orissa y Tamil Nadu.

Poética de viaje

La poesía de Sleeping train brota al regreso de la India. “Despierto/en el mundo del cemento/Ayer el pájaro/me atrapó con sus garras/ y me destripó”. La desubicación le hace desenfocar las pupilas, levitar y volver a viajar. Así surge el flash back poético a través de su diario de viaje. Algunos versos ya estaban escritos en él y los otros fluyeron naturalmente en muy corto espacio de tiempo.

El tren es el protagonista de la lucha interna y las excusas del que no pertenece a un lugar. Se presiente la llegada del turista que agarra un taxi en Mumbai para desaparecer del mundo y sentir la plena libertad de avanzar sin destino fijo como un aprendiz de viajero. Las horas ralentizadas de ferrocarril pueden sintetizarse en apenas tres versos: La mujer india/presa del horizonte/ acaricia el sol. El bisturí hace que cada palabra sea la justa pues Huidobro no entiende lo que pasa por sus ojos y no pretende resolver esa carencia. Esa es su forma de escribir o viajar.

Sleeping train es la tercera obra publicada de José Ramón Huidobro tras Africano (Ediciones Vitruvio, 2002) y Los amantes de Coriolis (Ediciones Amargord, 2004).